20/1/10

Ya sé que todavía pasarán muchos años para que estos crustáceos del asfalto y la mugre
se limpien la cabeza, se alejen de la envidia, no idolatren la saña, no adoren la impostura
y abandonen su costra de opresión, de ceguera, de mezquindad.
Pero quizás, un día, antes de que la tierra se canse de atraernos y brindarnos su seno,
 el cerebro les sirva para sentirse humanos, ser hombres, ser mujeres,
no cajas de caudales, ni perchas desoladas!

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